El Proceso de Cambio

    " El verdadero cambio, aquel que es duradero y sostenible, sólo ocurre cuando somos nosotros mismos quienes encontramos en nuestro interior las respuestas y el camino hacia los resultados que buscamos, hacia nuestra grandeza".                             



  Es evidente que por el simple hecho de que la persona sea consciente de sus propias emociones y pensamientos no va a tener la capacidad de cambiarlos. Sin embargo, sí que es cierto que sin la autoconciencia sobre ellos la probabilidad de que se produzca un cambio es mínima o nula.

  En algunas ocasiones es muy útil tomar conciencia de cómo somos en la actualidad, ya que esta conciencia de un sentimiento, pensamiento o situación puede desencadenar por sí misma un cambio.

  De esta forma, se evita lo que algunas veces ocurre cuando una persona quiere cambiar algún aspecto importante de su vida: que sienta, por un lado, que quiere cambiar mientras que, por otro, desea conservar el estado actual. Esta constante oscilación entre ambas posturas puede crear un sentimiento de frustración o de infelicidad.

  Una gran mayoría de las personas se limitan a responder a los hechos y demandas de su día a día sin tomar conciencia de sus acciones. Para realizar un proceso de cambio es importante conocer aquello que se quiere cambiar o trasformar; este primer paso es el que quizás cause mayor dificultad a la hora de definirlo, ya que en este punto hay que tener muy claro el resultado que queremos obtener.

  No obstante, la eficacia y la satisfacción pasan por el establecimiento de unos objetivos y metas personales, un propósito en la vida que nos motive.

  Sin embargo, no es suficiente con tener sueños y esperanzas. Estos deseos no son objetivos, no motivan ni dirigen nuestra conducta. Los objetivos deben concretar de forma específica lo que queremos conseguir y deben hacer que nos comportemos con los fines y resultados deseados.

  Este compromiso para alcanzar los propios objetivos va a hacer que tengamos mayor facilidad para hacer las cosas que no nos agradan pero que pueden reportarnos un beneficio, que pueden ayudarnos a conseguir nuestras metas.

  Estos objetivos han de ser, además, consecuentes con las responsabilidades que adquirimos a lo largo de nuestra vida, como los amigos, nuestra familia, en el trabajo.

  El primer paso es cuestionarnos si nos preocupamos lo suficiente por nuestros objetivos o sólo nos limitamos a "seguir la corriente", a responder de manera automática a las demandas diarias y a las presiones de la gente y las circunstancias.

  Si deseamos ser dueños de nuestro propio tiempo, debemos determinar cuáles son extactamente nuestros objetivos, y mantenerlos actualizados según vayan evolucionando los hechos y nuestras propias exigencias.

  La primera condición para establecer unos buenos objetivos es que éstos sean objetivos propios, es decir que respondan a nuestros piopios deseos y necesidades, no a los deseos y necesidades de los demás. 


"Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse así mismo"

 (Alexei Tolstoi)
  
    

  



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